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| Uno de los murales realizados en Azabache 2011 |
Por Leticia Pogoriles para Télam
Poco
a poco, la mirada sobre la escena literaria criminal vira hacia la región, si
bien eventos de resonancia internacional como la reciente Barcelona Negra o la Semana Negra de Gijón
ya tienen una trayectoria ganada, Argentina intenta meterse de manera sólida en
ese calendario global y sus escritores -y también sus crímenes- comienzan a
dialogar con su público en espacios abiertos.
Ambos
encuentros, tanto el Festival Azabache como BAN!, que desnudan y potencian las
posibilidades de la literatura negra, tendrán dinámicas similares: charlas con
autores, encuentros de corte académico con especialistas, invitados nacionales
e internacionales, música, cine, muestras de artes visuales y recorridos sobre
las huellas de los crímenes más resonantes de cada ciudad.
El
crecimiento de lectores y autores de este género no sería un fenómeno cultural
sino mediara un mínimo de ardor colectivo.
"La
gente se apasiona con los casos policiales. Es una literatura que hace
participar al lector casi en un nivel lúdico. Una obra de crimen pone al lector
en un rol de jugador, lo desafía en busca de una resolución y muchas veces le
gana de mano al escritor", dice Fernando del Río, organizador junto a
Carlos Balmaceda y Javier Chiabrando del Festival Azabache.
Leonardo
Oyola -ganador por su novela "Chamamé" en 2008 del Premio
Internacional de Novela Dashiell Hammet en Gijón- considera que el género
policial "hasta hace poco era un ghetto" y su visibilidad "tiene
que ver con emergente social, la literatura tiene un retraso del momento que
está pasando. No es casual que se haya preparado el terreno y que ahora se
pueda hablar de otra forma, que no es ni tan solemne, ni tan sociológica".
Para
el autor de la novela "Kryptonita", el ejemplo de esto es "lo
que pasó en 2001 que ahora se puede volcar al género sin pensar en las
derivaciones que tuvo", sugiere frente a la marea negra de historias.
Del
Río, también editor de la sección policiales del diario La Capital de Mar del Plata,
sintoniza con Oyola.
Para
él "somos hijos de la crisis del 2001 y empezamos a ver con fuerza los
conflictos sociales, la violencia social y las desigualdades y todo eso nos
llevó a la necesidad de contarlas. Tal vez tuvimos que llegar hasta un desmoronamiento
social para que surgiera".
"Se
están empezando a ver a esos jóvenes de los primeros años del siglo. Si uno
repasa quienes son los escritores de menos de 40 que hoy tienen mayor
predicamento o una inclusión dentro del mercado literario, en su mayoría
escriben literatura violenta, policial, comprometida", analiza Del Río.
Ricardo
Piglia, Guillermo Orsi y Oyola, argentinos ganadores en los últimos años del
Hammett son la prueba de la presencia del género en el mundo iberoamericano,
que ya tiene otros referentes como Claudia Piñeiro, Pablo De Santis, Juan
Terranova, Guillermo Martínez, Rolo Diez, Rodolfo Palacios, Gabriela Cabezón
Cámara, Lucio Yudiccello, Miguel Molfino, Javier Sinay y Juan Sasturain.
Un
seleccionado que conforma "la punta del Iceberg", dice el organizador
de Azabache, y agrega que estos autores promueven "un género dinámico que
corrió el eje teórico".
"Han
incursionado en un tipo de literatura difícil de clasificar pero cercana a la
novela negra, con conflictos de violencia, conflictos sociales modernos. Eso
hace que nos vayamos retroalimentando", analiza.
En
ese sentido, Oyola observa la aparición de "híbridos o clásicos que no
dejan de tener una estampa actual. Incluso los pibes descubren otras formas de
contar temas que les resuenan y lo interesante es que los acerca a Agatha
Christie o a Conan Doyle. El policial de guante blanco no tiene nada que ver
con la realidad de un pibe de acá pero está bárbaro que le abra ese otro
mundo".
Este
enamoramiento del género se relaciona para muchos especialistas con que la
literatura negra permite digerir trazos oscuros de la realidad.
Ernesto
Mallo, coordinador de BAN! opina en diálogo con Télam que "la gente tiene
la necesidad de saber qué pasa con la violencia, hay una preocupación por ello,
y a través de la ficción se pueden contar cosas
no dichas por otros medios".
Por
decisiones editoriales o por un deseo de entender y sobrellevar la violencia
humana, este género va ganando terreno sobre libros que reinaron hasta hace
poco tiempo atrás, aquellos de tono confesional, de literatura del yo -estilo
diario íntimo fragmentado- que vinieron a "saciar un voyeurismo",
dice Oyola, hoy ya saturado vía facebook, blogs y Twitter.
Con
miras de entender ese fenómeno de consumo cultural, el escritor considera que
"hay gente ávida de retomar algo más `tradicional`, de volver al género
con el que empezó a leer".
En
definitiva, remata Oyola: "la remera negra siempre garpa".
El
lector hoy se encontrará, tanto en las librerías como en los próximos encuentros
en el país, con una literatura que lleva la huella de una crisis, los matices
del paso del tiempo, la madurez de la escritura, los condimentos de la ciencia
ficción y, fundamentalmente, la comprensión de los nuevos códigos del crimen.

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