miércoles, 15 de febrero de 2012

El género policial se consolida con dos encuentros en Argentina



Uno de los murales realizados en Azabache 2011
Por Leticia Pogoriles para Télam

El Festival Azabache de Literatura Policial y Negra que se realizará en Mar del Plata del 10 al 13 de mayo y BAN!-Buenos Aires Negra, que será del 11 al 17 de junio en el Centro Cultural San Martín, ponen de relieve la escena local del género y suman al país al circuito de la literatura negra internacional.
Poco a poco, la mirada sobre la escena literaria criminal vira hacia la región, si bien eventos de resonancia internacional como la reciente Barcelona Negra o la Semana Negra de Gijón ya tienen una trayectoria ganada, Argentina intenta meterse de manera sólida en ese calendario global y sus escritores -y también sus crímenes- comienzan a dialogar con su público en espacios abiertos.
Ambos encuentros, tanto el Festival Azabache como BAN!, que desnudan y potencian las posibilidades de la literatura negra, tendrán dinámicas similares: charlas con autores, encuentros de corte académico con especialistas, invitados nacionales e internacionales, música, cine, muestras de artes visuales y recorridos sobre las huellas de los crímenes más resonantes de cada ciudad.
El crecimiento de lectores y autores de este género no sería un fenómeno cultural sino mediara un mínimo de ardor colectivo.
"La gente se apasiona con los casos policiales. Es una literatura que hace participar al lector casi en un nivel lúdico. Una obra de crimen pone al lector en un rol de jugador, lo desafía en busca de una resolución y muchas veces le gana de mano al escritor", dice Fernando del Río, organizador junto a Carlos Balmaceda y Javier Chiabrando del Festival Azabache.
Leonardo Oyola -ganador por su novela "Chamamé" en 2008 del Premio Internacional de Novela Dashiell Hammet en Gijón- considera que el género policial "hasta hace poco era un ghetto" y su visibilidad "tiene que ver con emergente social, la literatura tiene un retraso del momento que está pasando. No es casual que se haya preparado el terreno y que ahora se pueda hablar de otra forma, que no es ni tan solemne, ni tan sociológica".
Para el autor de la novela "Kryptonita", el ejemplo de esto es "lo que pasó en 2001 que ahora se puede volcar al género sin pensar en las derivaciones que tuvo", sugiere frente a la marea negra de historias.
Del Río, también editor de la sección policiales del diario La Capital de Mar del Plata, sintoniza con Oyola.
Para él "somos hijos de la crisis del 2001 y empezamos a ver con fuerza los conflictos sociales, la violencia social y las desigualdades y todo eso nos llevó a la necesidad de contarlas. Tal vez tuvimos que llegar hasta un desmoronamiento social para que surgiera".
"Se están empezando a ver a esos jóvenes de los primeros años del siglo. Si uno repasa quienes son los escritores de menos de 40 que hoy tienen mayor predicamento o una inclusión dentro del mercado literario, en su mayoría escriben literatura violenta, policial, comprometida", analiza Del Río.
Ricardo Piglia, Guillermo Orsi y Oyola, argentinos ganadores en los últimos años del Hammett son la prueba de la presencia del género en el mundo iberoamericano, que ya tiene otros referentes como Claudia Piñeiro, Pablo De Santis, Juan Terranova, Guillermo Martínez, Rolo Diez, Rodolfo Palacios, Gabriela Cabezón Cámara, Lucio Yudiccello, Miguel Molfino, Javier Sinay y Juan Sasturain.
Un seleccionado que conforma "la punta del Iceberg", dice el organizador de Azabache, y agrega que estos autores promueven "un género dinámico que corrió el eje teórico".
"Han incursionado en un tipo de literatura difícil de clasificar pero cercana a la novela negra, con conflictos de violencia, conflictos sociales modernos. Eso hace que nos vayamos retroalimentando", analiza.
En ese sentido, Oyola observa la aparición de "híbridos o clásicos que no dejan de tener una estampa actual. Incluso los pibes descubren otras formas de contar temas que les resuenan y lo interesante es que los acerca a Agatha Christie o a Conan Doyle. El policial de guante blanco no tiene nada que ver con la realidad de un pibe de acá pero está bárbaro que le abra ese otro mundo".
Este enamoramiento del género se relaciona para muchos especialistas con que la literatura negra permite digerir trazos oscuros de la realidad.
Ernesto Mallo, coordinador de BAN! opina en diálogo con Télam que "la gente tiene la necesidad de saber qué pasa con la violencia, hay una preocupación por ello, y a través de la ficción se pueden contar cosas  no dichas por otros medios".
Por decisiones editoriales o por un deseo de entender y sobrellevar la violencia humana, este género va ganando terreno sobre libros que reinaron hasta hace poco tiempo atrás, aquellos de tono confesional, de literatura del yo -estilo diario íntimo fragmentado- que vinieron a "saciar un voyeurismo", dice Oyola, hoy ya saturado vía facebook, blogs y Twitter.
Con miras de entender ese fenómeno de consumo cultural, el escritor considera que "hay gente ávida de retomar algo más `tradicional`, de volver al género con el que empezó a leer".
En definitiva, remata Oyola: "la remera negra siempre garpa".
El lector hoy se encontrará, tanto en las librerías como en los próximos encuentros en el país, con una literatura que lleva la huella de una crisis, los matices del paso del tiempo, la madurez de la escritura, los condimentos de la ciencia ficción y, fundamentalmente, la comprensión de los nuevos códigos del crimen.

0 comentarios:

Publicar un comentario en la entrada